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Ciudad

Ciudad
Mi ciudad se levanta
como un murmullo que crece,
que se mezcla, que grita,
que se convierte en canción
y luego en ruido.
Mi ciudad, es prestada,
porque no es de mi ni de nadie,
ni tiene horarios establecidos.
No me alimenta, mi ciudad,
ni me da muy seguido a mamar
de su ubre enorme y rosada,
pero cuando lo hace
mi ciudad se transforma,
y ya no es mas escandalo,
rascacielos y soledades,
se vuelve entonces arte:
un violín que despierta
en la panza fría del tren,
un poema pegado en un zafacón,
una pintura acariciando el alma
en cualquier esquina...
Mi ciudad, que no es mía,
ni prestada, ni de nadie,
se vuelve a veces una casa colectiva
en cada calle y cada rostro.

Pérdida




Te encontrarán

de luto

y hermosamente triste,

con la mirada perdida

entre el recuerdo

y las lágrimas.

Pasarán a tu lado,

feroces,

los rostros comunes

examinando tu pena

y no comprenderán

perdidos en tu belleza.

Las gaviotas

querrán sumergirse

en el mar de tus ojos

Estarás serena,

detenida en pleno vuelo,

perfumando el aire

con tu aliento breve,

alimentando a las rocas

con tu llanto,

y entonces el destino

te mirará

y se preguntará

a dónde iba.

El tiempo se detiene.

Pareces flotar

entre los tules negros.

Las sirenas te reciben.

Eres mar.

El Hoyo


De la serie : "Observación Cotidiana"


Lo tiene en sus manos

acribillándo una pieza de papel,

y aún así no teme

asomar su ojo

para probar su punto.



Nos lo encontramos cada día

en las calles donde mas,

y en el cuerpo tenemos nueve

de los cuales todos

son para el deleite.



Placer... terrible coincidencia;

desafortunado error

de las formas perfectas...

Entonces retira su ojo del hoyo

y vuelve a la realidad.

Hombre Rascándose Las Bolas

Bueno, como esto de las series de poemas está tan popular entre mis colegas poetas, yo también haré pública mi serie, llamada "Observación Cotidiana", basada en las cosas que veo camino a mi casa desde mi trabajo.



Paz. Espero que les guste.





Hombre Rascándose Las Bolas



Parece estar detenido,
con su mirada vacía y quieta,
en el rincón espacio - tiempo
que le hospeda.

La muchacha de la farmacia
le pasa enfrente
menando su colita breve,
contorneándose,
y él,
muchas veces sin más oficio
que respirar,
interrumpe su pensar ensimismado
para comésela con los ojos,
y buscar por sobre su pantalón
el miembro flácido entre sus piernas.

Ahí donde se observa
el, es el que más:
el que más mujeres ha tenido,
el que más dinero ha tenido,
y perdido;
el que más hombres ha golpeado,
el que más corazones ha roto,
el que más sabe sobre todo,
el que más
el - que - más
el que más se hurga las bolas.

Manía, ladillas,
inseguridad talvéz,
el caso es que sigue en su esquina
acariciándo sus nueces.